Flash Democracia Por Sorteo

Un esfuerzo de clarificación de conceptos políticos

Los textos políticos, al profundizar sobre conceptos que les son propios, aportan erudición, matices e interpretaciones de la Historia, pero también confusión. Como mero ejemplo de lo que decimos, el politólogo Francisco Balaguer escribió lo siguiente sobre la soberanía: "Debido quizá a su antigüedad, se puede decir que más que un concepto es una superposición de conceptos, formando un sustrato común que se encuentra inserto en la conciencia colectiva, pero que resulta muy difícil de definir"3.

El marco conceptual del diccionario de la RAE puede tacharse de simplista pero es técnicamente irreprochable, aporta claridad y el lector conocerá el sentido exacto que se concede a las palabras. Veamos las definiciones que hace la RAE de: 1. soberanía, 2. autoridad, 3. poder y 4. democracia, sobre alguna de las cuales queremos hacer algún breve comentario acto seguido.

  1. Autoridad: "Poder que gobierna o ejerce el mando de hecho o de derecho".
  2. Poder: "Dominio, imperio, facultad o jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar algo".- La similitud de los conceptos autoridad y poder faculta a utilizarlos como sinónimos, y así lo vamos a hacer nosotros en lo sucesivo.
  3. Soberanía: "Autoridad suprema del poder público".- Aunque sin renegar del uso que promueve la RAE, parece redundante el empleo de dos palabras tan semejantes, autoridad y poder; quizás por esta repetición el diccionario de D. Manuel Seco define soberanía como "suprema autoridad pública" eliminando la palabra poder. Aplicar el término supremo —que no tiene superior— al concepto de autoridad sitúa a esta en la posición más alta, la que toma la decisión final; el adjetivo supremo gradúa cualquier nombre en al menos dos niveles y en este caso lleva implícito la existencia de otra/s autoridad/es pública/s que no se cuantifican ni definen pero que sabemos inferiores y sometidas a la soberanía. Toda esta disquisición sobre el concepto de soberanía se debe a que muchos textos expresan que la democracia es directa cuando la soberanía la ejerce directamente el pueblo mediante asambleas abiertas.
    poder-soberania
    Cuando la palabra poder —o autoridad— no va acompañada de otros términos que la maticen o acoten, su sentido implica que hablamos de toda la autoridad o de todo el poder. Por tanto, autoridad engloba a soberanía y soberanía solo es una parte de la autoridad, la suprema.
  4. Democracia: "Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno".- Esta definición —tan alejada de su etimología como actual en el uso— nos da la clave de por qué existen tantos "apellidos" para delimitar el concepto.

En primer lugar, una doctrina es un desarrollo teórico, y cualquiera puede teorizar sobre un modelo de democracia. En segundo lugar, el pueblo puede intervenir en el gobierno de tantas y tan variadas formas que cada una de ellas lleva aparejada una etiqueta. Con estos cimientos terminológicos tan flexibles es natural que surjan múltiples palabras para adjetivar cada modelo de democracia independientemente de que se haya llevado o no a la práctica: representativa, deliberativa, electrónica, semidirecta, directa, participativa y algunas más. Pensamos que estos "apellidos" de la democracia son irrelevantes porque no ayudan a dilucidar lo relevante: la calidad democrática, para cuya tasación se proponen indicadores como la protección de la libertad personal, la transparencia, la participación, el sistema de control y de equilibrio, el imperio de la ley, la ciudadanía activa, la representación, la competencia política, así como la capacidad de aplicar las decisiones democráticas4. El grado de calidad democrática —un parámetro verdaderamente útil para valorar los modelos que cada país utiliza para su gobierno— permite clasificar las democracias en una escala que les proponemos en el siguiente apartado.

Modelos de gobierno según la distribución del poder

La escala que presentamos sitúa en uno de los extremos a las dictaduras, de las que obviamos hablar, y en el otro a la democracia total ateniense, ocupando el amplio espacio entre ambos límites las múltiples modalidades actuales de democracia.

formas-de-gobierno

Hablaremos brevemente de la democracia griega para justificar por qué la llamamos democracia total, y de la española para poner un ejemplo del maremágnum de democracias en el mundo y centrarnos en uno de los aspectos de su calidad: la participación ciudadana en las decisiones.

DEMOCRACIA GRIEGA.- Se dice que la democracia que inventaron los atenienses era directa —soberanía del pueblo ejercida en asambleas abiertas—, pero situar la soberanía lo más cerca posible de la ciudadanía es solo parte de lo que hicieron los "inventores" de la democracia; ellos fueron más allá: fragmentaron los tres poderes. De modo inexacto, pero didáctico y cercano a la realidad, podemos decir que los griegos se gobernaron con: 1. Una Asamblea abierta y soberana que ejercía el poder Legislativo, 2. La Boulé o consejo de los quinientos con el poder Ejecutivo, y 3. Los jurados, que con un mínimo de cien miembros impartían justicia. Estas dos últimas instituciones se elegían mediante sorteo estratificado.

Los griegos situaron toda la autoridad pública cerca de la ciudadanía y la fraccionaron para que todos los ciudadanos tuvieran su parte alícuota. Aunque otras formas de "democracia" habían existido mucho antes, los griegos inventaron la democracia que más poder ha otorgado a los ciudadanos y es por esto por lo que nos gusta llamarla democracia total.

La DEMOCRACIA ESPAÑOLA está bajo el paraguas conceptual de las denominadas democracias representativas, en las que el pueblo, mediante el voto, delega el poder en unos representantes que, como todos sabemos, no actúan siempre como tales y sí, en cambio, movidos en no pocas ocasiones por sus propios intereses.

Los poderes del Estado español se asignan a tres instituciones distintas con la pretenciosa intención de separarlos, dotarlos de independencia y conseguir la supervisión y el control mutuo. Pero cuando un grupo político controla las Cortes controla también el Ejecutivo. Además, los políticos nombran a los más altos miembros del poder judicial y, siendo así, ¿cómo no dudar de su independencia?

Son los políticos quienes detentan los poderes Legislativo y Ejecutivo e "influyen", nos cuenten lo que nos cuenten, en el poder judicial. Aunque parezca exagerado, produce pánico pensar en un partido que controle los tres poderes, más aún sabiendo que los partidos siguen la estela de un solo líder que, así pues, ostentaría todo el poder.

La calidad de las democracias depende de cuánto se aproximen a uno u otro de los límites que las enmarcan: la democracia total ateniense y las dictaduras. Cuando consideramos el indicador de calidad democrática "participación en las decisiones" (de la ciudadanía), el sistema político español ocupa una posición próxima a las dictaduras porque ubica los tres poderes muy alejados de los ciudadanos.

nivel-calidad

La democracia/oligarquía española es muy poco participativa, aunque conceda a los ciudadanos pequeñas cuotas de poder mediante referéndum, iniciativa legislativa popular, concejo abierto, formación de mesas electorales por sorteo y tribunal ciudadano nominado por sorteo, además del ya citado voto fácilmente traicionado. Veamos por qué:

  • El referéndum solo depende de la voluntad del presidente de la nación.
  • La iniciativa legislativa popular, promovida con el trabajoso esfuerzo de recoger 500.000 firmas, no tiene siquiera que ser considerada por los diputados.
  • El concejo abierto solo se utiliza para poblaciones menores de 100 habitantes y ese es un "negocio" ínfimo para un político que se precie.
  • La formación de mesas electorales por sorteo legitima la propia democracia representativa y la credibilidad de los resultados de las urnas es indubitable para la mayoría, pero el poder que ejercen estas mesas es puramente administrativo, a modo de registro.
  • En el Tribunal del Jurado —tribunales ciudadanos nominados por sorteo—, concebido con un probable fallo de diseño, se delegan tan solo unas migajas del poder Judicial

El voto se traiciona, el referéndum es una prerrogativa presidencial y la iniciativa popular está castrada. ¿Qué nos queda? De momento, el lamento.

Nuestra propuesta modifica el poder Legislativo trasladando su ejercicio desde los políticos hasta el conjunto de la ciudadanía por medio de una muestra estadísticamente representativa de la sociedad.

También modifica el poder Ejecutivo, esta vez trasladando su ejercicio desde un órgano de Gobierno, total o preponderantemente formado por políticos, hasta un órgano formado por profesionales de prestigio en las distintas áreas del conocimiento.

Sin embargo, no teorizamos directamente sobre el poder Judicial, y será la Asamblea ya constituida la que tenga que pronunciarse sobre su reforma o continuidad.

Esto en cuanto a su aplicación como modo de gobierno de la Nación, pero no olvidemos que el sistema es útil para organizaciones de otros tamaños y cometidos en los que el funcionamiento democrático es el desiderátum: comunidades autónomas, ayuntamientos, bancos, federaciones deportivas...

joomla template 1.6
template joomla