Flash Democracia Por Sorteo

Desaparición de los políticos profesionales

El objetivo principal del sistema que proponemos es perfeccionar la democracia sustituyendo a los políticos profesionales, que han dado sobradas muestras de ser incompetentes y corruptos, mentirosos y egoístas, manipuladores y fatuos. Esta generalización lacerante de la casta política no quiere herir a quien no se lo merece: los políticos honrados con vocación de servicio público, tolerantes y competentes, que también existen. El desprestigio de los políticos es clamoroso, y las encuestas de confianza los delatan situándolos constantemente en la cola, a pesar de las loas que reciben desde los medios de comunicación que controlan con descaro o sibilinamente.

Sin embargo, aunque nuestra motivación inicial sea acabar con tanta ignominia, también pensamos que el sorteo es un sistema superior a la elección por votación. Aun cuando los políticos fuesen todos ellos honrados y eficaces, aun cuando fuesen más inteligentes y preparados que la media de la sociedad, ¿tendrían la habilidad de interpretar correctamente los deseos de la ciudadanía o caerían en la tentación paternalista de imponer medidas impopulares porque "es lo mejor para vosotros pero no estáis preparados para comprenderlo"? Honrados y eficaces, sí, pero con el tiempo ¿morderían el anzuelo de la corrupción y resistirían al embrujo del poder?

Aunque no contesta a estas preguntas, el filósofo Carles Ferrer defiende la superioridad del sorteo sobre la elección en el artículo a toda página titulado La democracia en sus orígenes, publicado el 12 de agosto de 2011 en el diario El País: "La democracia no se basa en la selección ciudadana de los gobernantes, sino justamente en lo contrario, en la imposibilidad fáctica de tal selección. El hecho de que sea imposible elegir a un "mero ciudadano" nos lleva a una forma orientada a la exigencia de que nadie mantenga el poder, y de que los gobernantes asuman ese objetivo de abstracción inalcanzable. De ahí la importancia del sorteo por encima de la elección. La democracia supone "gobernar y ser gobernado por turnos."

Parece que esta corriente de pensamiento —la democracia por sorteo— penetra en España de manera lenta y ojalá imparable, recorriendo un camino utópico alentado por la esperanza de que un cambio en la mentalidad ciudadana consiga vencer los temores, prejuicios, inercias y falsos argumentos con los que los poderes fácticos intentarán cegar los sentidos de los ciudadanos para distorsionar la verdad y ocultar las virtudes del azar en el sistema democrático.

Nuestros políticos llevan más de treinta años sin resolver disfunciones democráticas que cuentan con el amparo del vacío legal (sus privilegios, la mala administración, el despilfarro y el boato, el transfuguismo, las decisiones personalistas tomadas en contra de la mayoría de la opinión pública, el incumplimiento de los programas electorales, la influencia de los poderes económicos en la legislación,...); tampoco han dado con la tecla que mitigue la corrupción, con la que contemporizan impúdicamente presentando candidatos imputados a las elecciones o tejiendo tramas para financiar su maquinaria de partido.

Por todo esto, muchos españoles consideramos a los políticos profesionales parte del problema más que de la solución.

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