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Que son las agendas

No nos queda otro remedio que recurrir a conceptos y términos inusuales para el público en general para explicar un cambio transcendente —la desaparición de los políticos profesionales y su sustitución por una Asamblea— que afectaría a nuestra vida cotidiana cuando se modificasen los mensajes de los políticos y de los medios de comunicación. Intentaremos ser inteligibles a la vez que les pedimos un esfuerzo para aceptar y comprender conceptos que para usted quizá sean nuevos.

El mundo real —el mundo en el que la importancia de los problemas sociales es "objetiva"— nutre parcialmente un proceso comunicativo con tres agendas simultáneas:

La agenda de los medios de comunicación, que es el conjunto de sus contenidos.

La agenda política, que atiende a las respuestas y propuestas de los partidos.

La agenda del público, que contempla los problemas e inquietudes ciudadanas.

Las agendas política y de los medios son simbióticas, ya que la política necesita difusión y los medios, contenidos; para algunos autores9 la "llave maestra" de todas las agendas es la política, que por su capacidad de generar noticias influencia la agenda de los medios y del público.

Por otra parte, los medios condicionan la agenda del público: "La prensa no tiene mucho éxito en decir a la gente qué tiene que pensar pero sí lo tiene en decir a sus lectores sobre qué tienen que pensar."10

En esta interrelación de agendas el público es el sujeto más pasivo: recibe influencias de los medios y de los políticos, los cuales, a su vez, pueden recoger u ocultar sus verdaderas inquietudes.

Pondremos un ejemplo de estas interrelaciones con un problema del mundo real: los accidentes de tráfico. La importancia del problema es cuantificable con el número de víctimas y pérdidas económicas que producen en un periodo determinado. Hubo un tiempo en que la magnitud del problema crecía mientras las tres agendas consideraban que estos accidentes eran consustanciales al desarrollo y, por tanto, tan dramáticos como "naturales". Posteriormente se instauró la idea de que los traumatismos son una enfermedad evitable, y las tres agendas se movieron en ese sentido. Fue entonces cuando se empezó a hablar profusamente de seguridad vial, de carnet por puntos, de límites de velocidad, de no usar el móvil mientras se conduce, de controles de velocidad y de alcoholemia y, por fin, de descensos en el número de víctimas. Las tres agendas "silenciaron" durante un tiempo un problema que era grave en el mundo real, al juzgarlo inherente al bienestar; cuando se ocuparon de él como un fenómeno evitable, sobre el que se puede actuar preventivamente, se produjo un descenso de las cifras de mortalidad.

Las actuales agendas política y de los medios de comunicación

Actualmente cada grupo político defiende y ataca de manera organizada, con consignas. Se permiten matices, pero todos defienden una consigna que intenta sintonizar con la ideología de sus teóricos votantes a la vez que ataca las contrarias. Con el bipartidismo se construyen dos mensajes que frecuentemente son de confrontación y descalificación; aparecen dos posturas predominantes que polarizan la sociedad, matizadas por las adhesiones y discrepancias de los grupos políticos minoritarios.

En cuanto a los medios, sus contenidos políticos se confeccionan a remolque del dictado de la agenda política, que suele ser expuesta por solo unos pocos líderes de cada uno de los partidos. Estos líderes están permanentemente de actualidad y alcanzan la notoriedad reservada a las estrellas mediáticas, por lo que también importa su crónica rosa particular —cómo visten, qué les gusta, dónde veranean, etc.— Conscientes de la importancia de los medios, los políticos les proveen de noticias en forma de titulares llamativos, mensajes "de diseño" elaborados por sus asesores de imagen y discursos en los que se suelen esgrimir pocos argumentos, dirigidos frecuentemente a las vísceras de unos ciudadanos con poco tiempo para desentrañar su transfondo. Además, si conviene mentir, lo hacen; si conviene poner en duda a policía, jueces o rivales, lo hacen también, aun a costa de minar la propia democracia. Durante las campañas electorales producen un ruido atronador exponiendo desgañitadamente su modelo para la sociedad y su ejemplar vocación de servicio.

Dejemos que un lector de elcorreo.com nos relate su percepción de las agendas políticas y de los medios: "Con el debido respeto para el mundo del circo. El espectáculo del otro circo, el político, ya está aquí, con sus espectaculares actores, con sus mejores galas y hermosos colores, contorsionistas prometedores, magos manipuladores, profetas de la palabra fácil, trapecistas y equilibristas de alta clase política con y sin red, etcétera.

Estuvimos muchos años deseando votar y ahora nos aburren con sus discursos, sus falacias; nos han dado en la línea de flotación con sus falsedades, corruptelas, componendas y manipulaciones; nos ningunean como público fácil de feria sin darnos motivos para acercarnos, aunque lo hacemos, a su bien montado y caro espectáculo tras las urnas de su democracia ya que se lo ponemos fácil, no somos exigentes.

Cuántas de sus promesas son creíbles, cuántas cumplidas e incumplidas, cuántas olvidadas tras el recuento salvador de su montaje circense con falsos artistas. Y así nos va, no sabemos rebelarnos y por ello terminamos volviendo a la siguiente función, en tanto el verdadero circo de siempre se muere."

Las futuras agendas política y de los medios de comunicación

La sustitución de los políticos profesionales por asambleístas modificaría las agendas política y de los medios de forma drástica:

La Asamblea que proponemos, al iniciar un trámite legislativo, contaría con tantas posturas que ninguna/todas serían importantes; sin liderazgos y con tantas opiniones como integrantes, no transmitiría a la agenda de los medios, y por ende a la del público, opiniones polarizantes. Mientras avanza el trámite legislativo en los debates asamblearios, las propuestas con más adeptos van construyéndose poco a poco, razonadamente, hasta conformar una sola solución tras descartar argumentadamente las demás. Será entonces, con una ley ya redactada, cuando se lanzará al público un solo mensaje, con un porqué y un para qué, con el que se estará o no de acuerdo, pero que no dividirá ni enfrentará a la sociedad, sino que ayudará a construirla.

Los medios, sin partidos ni liderazgos, no tendrían estrellas mediáticas políticas de las que referir un remedo de crónica rosa, ni titulares confeccionados por asesores, ni rivales desacreditados, ni discursos vacíos, ni populismo: tendrían que limitarse a recoger los mensajes generados por el conjunto de la Asamblea y la respuesta de la sociedad a esos mensajes.

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