Flash Democracia Por Sorteo

Los nuevos valores ciudadanos

La agenda del público.- Recapitulemos brevemente sobre el asunto de las agendas política y de los medios que hemos comentado hasta ahora. El aspecto fundamental es el enorme cambio de contenidos en ambas. Desaparecidos los políticos profesionales y sustituidos por asambleístas, la "llave maestra" de las agendas —la política— modifica los mensajes, y eso es importante, pero también se modifica la forma, como ya hemos visto. Los nuevos mensajes y formas son recogidos por los medios, que a su vez influyen enormemente en la agenda del público respecto de los temas que tiene que pensar, y esto producirá inevitablemente un cambio cualitativo en la mentalidad ciudadana.

La participación ciudadana.- Nuestro sistema permite que cualquiera pueda ejercer el poder mediante el sorteo y, además, crea cauces de participación para todos los que, no perteneciendo a la Asamblea, deseen aportar sugerencias en la elaboración de las leyes, denuncias respecto de las disfunciones o promover referendos por iniciativa popular.

Cuando se han de tomar decisiones que afectan a la colectividad, el mejor método —al menos el más legítimo— es la participación ciudadana. Al fomentarla, creando espacios donde participar produce consecuencias, es lógico esperar un cambio en la actitud política en aquellos —todos— a los que se permitiera incidir en la esfera de lo público mediante iniciativas individuales o asociativas. Quienes defendemos esta forma de compartir el poder confiamos en un cambio semejante al que el historiador griego Tucídides describió en un momento en el que la participación política ciudadana era enorme: "... nos preocupamos a la vez de los asuntos privados y de los públicos, y gentes de diferentes oficios conocen suficientemente la cosa pública; pues somos los únicos que consideramos no hombre pacífico, sino inútil, al que nada participa en ella."12 Por tanto, existen pruebas históricas de que la participación desarrolla el juicio político de la ciudadanía y por ello los desafectos de la actual democracia podrían reintegrarse a la creación de una identidad colectiva en torno al bien común y a la pluralidad.

Que la Asamblea sea un reflejo de la sociedad supone que la ciudadanía se siente dirigida por sus iguales y está mejor predispuesta para respetar el marco legal, que ya no es impuesto sino consensuado entre la "totalidad" de la sociedad. Esta mayor y mejor asunción de las normas incide también en una mejora de la gobernabilidad del colectivo, porque seremos más propensos a cumplir unas reglas que se propagan horizontalmente y no de arriba abajo como una imposición, con lo que la conflictividad social, a la vez que menor, resultará más fácil de limitar y contener.

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