¿Por qué siete meses? Participación y corrupción

No es una cuestión caprichosa o baladí que nuestro sistema se decante por un periodo corto en el ejercicio del poder, concretamente siete meses —uno de ellos de preparación—, porque uno de los bienes más preciados de los que dispone un ser vivo, el tiempo, condiciona de modo directo desde nuestra vida cotidiana hasta nuestro proyecto vital. Ser asambleísta por el breve periodo de siete meses es por sí solo un importante estabilizador del sistema que favorece la participación de los ciudadanos en la Asamblea y dificulta enormemente la corrupción, como ahora veremos.

 
La PARTICIPACIÓN es un objetivo prioritario y el sistema propicia que la mayoría de los ciudadanos elegidos por el azar opten por participar en la Asamblea con completa libertad suscribiendo un contrato personalizado de asambleísta que lleva aparejada una protección legal específica. La Asamblea estará formada por un grupo de ciudadanos que por edad, procedencia geográfica, sexo, poder adquisitivo, nivel de formación, posición ideológica…, será representativo de la totalidad de la población española. Este objetivo solo puede ser exitoso si el diseño del sistema favorece que no existan colectivos que se autoexcluyan por considerar que su proyecto vital se quiebra si destinan mucho tiempo a una actividad imprevista. Creemos que siete meses, para la mayoría de los ciudadanos, es un periodo mesurado de tiempo que estarían dispuestos a destinar a la acción política en vez de a sus quehaceres habituales.
 
La CORRUPCIÓN, por desgracia inherente a la condición humana, impregna desde tiempos pretéritos las estructuras de poder con la astucia y el descaro propios de la codicia, alcanzando con sus tentáculos cualquier organización o individuo de los que pueda sacar provecho, aun a costa de destruir la propia democracia. Así pues, un sistema que no cuente con la corrupción como perniciosa compañera de viaje está destinado al fracaso. Contar con ella, conocerla, saber de sus argucias y de su ubicuidad, de su habilidad para sortear obstáculos legales y éticos es necesario para intentar contenerla, achicarla, acoquinarla, asfixiarla, neutralizarla o reprimirla, a sabiendas de que ninguna barrera le resulta del todo infranqueable.
 
Nuestro sistema levanta varios muros de contención para que la corrupción no sea “rentable” o para que, al menos, no afecte a la mayoría: un elevado número de asambleístas con rotaciones frecuentes, el casi total anonimato de los asambleístas, su “no profesionalización”, el particular método de trabajo, el control de la Asamblea por la sociedad, la dilución de la presión mediática y algunas otras recomendaciones generales que, junto con las anteriores, pasamos a explicar. 
  • Muchos humanos son/somos corruptibles y esa traición a los demás y a uno mismo que es la corrupción va en función de lo atractiva y tentadora que sea la oferta capaz de poner en conflicto la ética y la codicia. Un elevado número de asambleístas sustituidos cada seis meses precisaría, por parte del agente corruptor, de una gran inversión y dedicación que quizás no fuesen “rentables” para conseguir la influencia que desea.
  • El anonimato de los asambleístas.- Las fuerzas corruptoras se enfrentarían a no pocas dificultades para investigar el perfil moral de un considerable y variado número de asambleístas, muchos de los cuales serán ciudadanos anónimos, de cuyas características y comportamientos en su vida cotidiana será difícil extrapolar cómo adaptarán sus valores morales a la nueva condición de representantes de tan alta institución. Además, confiamos en que buena parte de ellos sean ciudadanos honrados que colaborarán con la justicia para desenmascarar a los instigadores del soborno. 
  • La “no profesionalización” de los asambleístas.- No estar inmerso en una “carrera política” es una garantía de independencia y un incentivo para legislar con la perspectiva del ciudadano al que las leyes  afectan en sus propias carnes. Estos ciudadanos elegirán soluciones sin favorecer los intereses de los poderes fácticos, pues sus únicos condicionamientos son los personales.  
  • El método de trabajo.- Está basado en la cooperación, la transversalidad, la ausencia de líderes fuertes y la prohibición expresa de que los asambleístas formen grupos basados en cualquier tipo de afinidad ya sea idiomática, de procedencia geográfica, tendencia ideológica, edad u otras. Cuatro son las razones de dicha prohibición. Primera: Se mejora la eficacia de la toma de decisiones en los grupos formados al azar1. Segunda: Cada individuo representa a un conjunto de personas similares a él y asociarse traiciona y trastoca este propósito de representación fiel, porque asociarse suele suponer la cesión de parte de tus posicionamientos en aras del triunfo de una propuesta afín pero no idéntica a tus intereses. Tercera: Asociarse en este contexto polariza y divide, primero a la Asamblea y después a la sociedad. Cuarta: Los grupos compactados por intereses comunes son más propicios para que surjan líderes fuertes que, de ser tocados por la corrupción, podrían influir, a su vez, ideológicamente en el grupo para favorecer al poder corruptor, que con un solo pago al líder podría comprar la voluntad del resto. 
  • El control de la Asamblea por la sociedad.- Toda la información que manejen los asambleístas será accesible en tiempo real a la sociedad, a la que el sistema asigna un importante papel supervisor del buen funcionamiento de la institución y de sus miembros, como más adelante veremos.
  • Debilitamiento de la presión mediática.- La inexistencia de líderes fuertes y la forma de trabajo en la Asamblea  diluyen la presión que pudieran recibir los asambleístas ante cualquier campaña orquestada por el cuarto poder para influir en sus decisiones, ya sea demonizando o bien santificando a un grupo numeroso de ciudadanos “anónimos” —como son los miembros de la Asamblea— especialmente protegidos por las leyes.
  • Sería deseable que se adoptasen medidas generales, de carácter moralizante unas y disuasorio y coercitivo otras, dirigidas también a contener la corrupción: endurecimiento de las penas, control de la agenda pública del asambleísta, transparencia informativa, compromiso ético explícito y cualquier otra que pudiera demostrarse eficaz, ya fuese legislativa u organizativa.
Resultaría ingenuo creer que las medidas preventivas y disuasorias que presentamos son la panacea para el exterminio de la corrupción, pero sí pensamos que la combaten desde la raíz, con un diseño de contención y debilitamiento que dificultará su gestación y subsistencia.
 
En contraste con este diseño, es vox pópuli que las actuales oligarquías electas son influenciadas por los poderes fácticos mediante el uso de instrumentos de presión tales como la movilización de masas controladas, chantajes, mensajes morales intermediados por grupos religiosos, privilegios, dinero, amenazas, campañas de desprestigio, espionaje, adulación, argumentos falsos de apariencia “irreprochable”, arrastre por tendencias dominantes, manipulación emocional u otros que se emplean sin pudor y de muy diversas formas en función de las características de los corruptibles. 

 

¿Por que siete meses? Uno mas seis

El contrato de asambleísta durará siete meses: uno de preparación y seis como miembro de pleno derecho de la Asamblea.

  • El primer mes se constituiría la preasamblea con un número de ciudadanos ligeramente superior al de los que finalmente serán asambleístas, a causa de que, como  inmediatamente veremos, no todos superarán la prueba objetiva de acceso. 
    • En los primeros diez días se seleccionará mediante una prueba objetiva a los preasambleístas que posean una de las ocho competencias clave, Aprender a aprender (Aaa)AT, que la Comisión Europea considera necesarias en la actual sociedad del conocimiento2, de tal modo que todos aquellos que no superen dicha prueba no podrán formar parte de la Asamblea. Explicaremos en el siguiente apartado el porqué y la importancia de esta primera prueba objetiva, y en los anexos su metodología. 
    • En los siguientes veinte días los seleccionados recibirán un manual de acogida y serán instruidos e informados por los funcionarios pertinentes sobre las características de su cometido futuro, la metodología de trabajo, los medios humanos y materiales a su disposición, el manejo de los medios tecnológicos en la Asamblea, las medidas de apoyo disponibles para quien lo necesite, el alojamiento en la ciudad donde se radica la Asamblea, el trabajo que no hubiera concluido la Asamblea saliente y otras medidas conducentes a que ejerzan su cometido con eficacia desde el primer día de trabajo como asambleístas. 
    • Se efectuarán los ajustes necesarios en las medidas de conciliación con su vida familiar y laboral, que se adoptarán personalizadamente para facilitar la participación de todos.
    • Empezarán a tomar contacto con la agenda política, que elaborarán con la asesoría del Ejecutivo durante el primer mes de asambleístas. 
  • Durante los siguientes seis meses los asambleístas ejercerán su trabajo a pleno rendimiento, procurando que los temas que tienen asignados para su periodo concluyan en plazo.

 

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